Correcciones no oficiales mantienen juegos utilizables, traducidos y compatibles. También revelan cuánto trabajo gratuito sostiene productos ya vendidos.
Durante años el acceso al juego en línea no estuvo en la recámara, sino en negocios de barrio que vendían tiempo de computadora y terminaron formando comunidades.
Un fan pasa dos años haciendo un juego con los personajes de su infancia. Lo publica gratis. A los pocos días recibe una carta de cese y desistimiento de la empresa dueña de la propiedad intelectual, y el proyecto desaparece para siempre…