Del Conacyt a la Secihti: qué cambió en la ciencia mexicana desde 2018

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Oyes Conacyt, luego Conahcyt y ahora Secihti. Si has seguido la conversación tecnológica mexicana a ratos, es fácil sentir que las siglas se cambiaron mientras tú estabas viendo otra cosa. Vamos a ponerlas en orden. Detrás hay universidades, centros y personas con una historia anterior a 2018, además de cambios recientes en la organización del gobierno. Entender ese recorrido ayuda a ubicar qué está impulsando hoy el país y desde dónde lo hace.

Para leer una política tecnológica, conviene mirar quién administra los programas, dónde se investiga y qué caminos tienen los estudiantes para entrar. Un cambio institucional puede modificar esa coordinación, pero los conocimientos se construyen en trayectorias más largas. Por eso seguiremos fechas y funciones junto con las capacidades que ya existían: así los nombres dejan de parecer una lista de oficinas y empiezan a contar una historia.

México llegó a 2018 con universidades, laboratorios y centros públicos construidos durante décadas. Desde entonces cambió la organización de la política científica y aparecieron nuevas apuestas de desarrollo. Entender ese proceso exige seguir a las instituciones y a quienes trabajan en ellas, además de revisar los anuncios.

La primera fecha es anterior a este recorrido: el Conacyt fue creado en 1970. No nació en 2018. Su historia explica por qué los proyectos actuales pueden recurrir a especialistas, posgrados y equipos que tampoco empezaron de cero con el gobierno en turno.

2018–2024: una reorganización de prioridades

Durante este periodo se impulsó una política orientada a vincular investigación con problemas nacionales. El derecho a beneficiarse de la ciencia quedó reconocido en la reforma constitucional educativa de 2019, según los antecedentes publicados en el Diario Oficial. En 2023, con la nueva ley general de la materia, el Conacyt se transformó en Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, Conahcyt.

El cambio incluyó una definición explícita del lugar de las humanidades. También abrió discusiones sobre cómo organizar la investigación, quién participa en las decisiones y cómo sostener áreas cuyos resultados requieren años. Un nombre permite identificar un viraje administrativo; por sí solo no mide la salud de los laboratorios.

2025: la ciencia obtiene rango de secretaría

La siguiente transformación entró en funciones el 1 de enero de 2025: la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Secihti. En el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, Rosaura Ruiz encabeza una dependencia con responsabilidad de articular capacidades científicas y tecnológicas.

La diferencia coloca esa agenda en una secretaría de Estado. Su resultado debe observarse en coordinación, recursos y continuidad. Hay que preguntar si un equipo puede contratar, mantener instrumentos, formar estudiantes y terminar el proyecto que recibió apoyo.

2026: proyectos con nombre propio

El balance oficial del 1 de octubre reúne iniciativas como Kutsari, Olinia y Coatlicue. Ese día se informó un aumento del 111% en el Fondo de Investigación para proyectos de ciencia y tecnología frente a 2025, equivalente a 1,676 millones de pesos adicionales. La comparación corresponde a ese fondo específico; no significa que todo el gasto científico nacional creciera en ese porcentaje.

La agenda busca conectar investigación pública y producción. Su seguimiento exige distinguir presupuesto anunciado, dinero ejercido, infraestructura instalada y productos disponibles. Una convocatoria, un laboratorio inaugurado y una empresa que vende tecnología son avances diferentes.

Cómo leer esta serie

Las siguientes notas recorren centros regionales, conectividad, ingeniería durante la pandemia, educación superior, chips, movilidad eléctrica, supercómputo, talento y software público. Son diez entradas para entender una transformación amplia, no un inventario exhaustivo de cada desarrollo ocurrido en el país.

México fortalece su capacidad tecnológica cuando puede aprender, diseñar, probar y mantener soluciones. Para reconocer ese trabajo hay que dar crédito a investigadores, técnicos, estudiantes e instituciones, y comprobar hasta dónde ha llegado cada proyecto.

La siguiente vez que aparezca una de estas siglas en una noticia, ya tendremos dónde colocarla. A partir de ahí sí podemos seguir el trabajo de los laboratorios y preguntar qué está llegando a la vida cotidiana.

Para seguir esta historia

Serie Tecnología en México, 2018–2026. Revisión: 18 de octubre de 2026. Los datos institucionales se atribuyen a sus emisores; las valoraciones y preguntas de seguimiento son análisis editorial. La serie no es un inventario exhaustivo.

Siguiente nota · Inicio de la serie

Portada: ilustración conceptual generada con IA. No muestra una instalación, dispositivo, vehículo ni acontecimiento real del proyecto descrito.

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